viernes, 4 de septiembre de 2009

Leyenda “EL PERRO NEGRO DE LOS AGUILES”

Fue en el solar de Toñita Merlano en el año 1929, donde se oyó por primera vez en horas nocturnas un aullido espantoso. Todos los vecinos se pusieron a rezar y al amanecer cuando bajaban al Bosque del Agüil a traer agua, se formaron estos diálogos:

- ¿Y vos no sentiste el aullido de un perro anoche?

- Claro. ¡Fue en casa de la Ocañera Merlano donde se oyó! ¿No será que esa Ocañera trae pacto con el diablo?

- Pues yo si creo, porque ese no era un perro. Era como un hombre perro.

Y así todo el día, las conjeturas y habladurías. Ya de noche, todos en el pueblo cerraron sus casas y no durmieron esperando los aullidos. Hasta que a las doce, se escuchó la tonada pero más fuerte. De ahí en adelante no quedó patio en donde no aullará el animalejo.

El padre era llevado a las casas para regar agua bendita y quemar ramo del domingo anterior a la Semana Santa. Venía gente de Gamarra y de Río de Oro para escuchar el cuento, y éste se puso peliagudo cuando un habitante lo vio y dijo: es un perro grande, negro, con la cola llena de lana, los ojos brillan como candela y se desaparece de una parte a otra.

Todos los días aumentaba el pánico social y la soledad en el pueblo, hasta tal punto que compraban panela para tomársela y no hacer otra cosa de comer.

Cuentan que un policía apodado “Sancocho e muelas”, decidió enfrentarse al animalejo, pues no creía en los rumores, a lo que dijo: “Y esta noche déjenmelo a mi con el cachón!!

No dijo mentira el policía y a las doce de la noche, se oía el aullido por un lado y los gritos de un hombre por otro, una confusión espeluznante, hasta que al pasar por la comandancia, el hombre gritó tan fuerte que se levantó el guardia, abrió la puerta y dejó entrar a “Sancocho e muelas”, quién se privó de una. Al amanecer contó que el perro era verdaderamente negro, que botaba candela por los ojos y espuma por la boca, que le había dicho que era un difunto de la población que estaba en pena y que el diablo le había puesto de penitencia no dejar dormir a los de Aguachica hasta que su mujer dejara de tener mala vida.

Igualmente, dijo que el perro le había pedido un ternero sacado de una vaca acabada de matar y esto se hizo así, reuniéndose como diez personas en el matadero, con ramos benditos, cruces, escapularios, oraciones, etc. Sacaron el ternerito y juntos se fueron a dejarlo en la esquina de la calle segunda con carrera 14 hoy. Cuando lo estaban acomodando oyeron el aullido en la quebrada del Pital y no se puede contar los tropezones que se dieron unos con otros, las oraciones y las carreras.

Bueno el acabóse vivía en Aguachica, hasta cuando una noche no se oyó el dichoso perro y vinieron las noticias un martes por los primeros pasajeros del Cable Aéreo, que en Río de Oro estaba un perro negro aullando y que la gente estaba metida en la iglesia clamando para que el animal se fuera del lugar.

Mito "EL DUENDE DEL AGUIL"


Cuenta la historia que los duendes y zánganos infernales salían de las montañas y espesuras boscosas del Agüil para pasearse y visitar las dos calles que en ese entonces habían en Aguachica. Es así como Miguel Ángel Ballona abuelo de doña Rebeca Martínez (1923) vio al frente de don pacho Pérez, donde habían unas paredes, un hombrecito extraño que venía caminando a paso lento; cuando el sujeto comenzó a acercarse al abuelo le empezaron a temblar las piernas entumeciéndose de miedo, el duende lo miró de frente y cabizbajo siguió su camino por la calle, en eso el abuelo decidió seguirlo, pues la curiosidad lo obligaba, el hombrecito llegó hasta el Bosque y fue allí donde los perros al verlo comenzaron a aullar fuertemente, lo que asustó y desapareció al duende.

El abuelo al ver esto, apresurado corrió hasta su casa que quedaba cerca del Bosque y tocó la puerta para que le abrieran, una vez adentro se desmayo quedando privado hasta el otro día y al despertar contó lo que le había pasado; días después volvió a aparecerse, pero esta ves a Pedro Badillo, Zenén Guerrero y a Juan Manuel Amaya que creyeron también en el hombrecito, pues se burlaban y decían que era puro cuento del abuelo.

Autor: Rebeca Martínez

Cuento “EL ESPANTO DEL AGUIL”

En los años 1927 y 1928 cuando la gente de Aguachica se turnaba y repartía los agüiles para lavar, bañarse y sacar agua de las fuentes del Bosque, hubo un rumor de que los agüiles se encontraban encantados e invadidos por fantasmas, que aparecían en las noches y se veían rondando en forma de luz.

Todo sucedió cuando la difunda Juana Pérez alistaba sus ropas para ir a lavarlas al agüil, ya que a ella le gustaba realizar este oficio pero de noche y como no tenía lámpara para alumbrar su camino, cogía un tiesto con cebo y un pabilo y lo prendía. Sin darse cuenta de lo que pasaría, repetía tal labor doméstica de vez en cuando.

Entre tanto, la gente que vivía cerca del Bosque observaba a lo lejos una luz que se movía, que se apagaba y se volvía a prender; poco a poco el rumor fue corriendo sobre los fantasmas del agüil y muchos empezaban a atemorizarse, pues su refugio natural estaba siendo poseído.

Cierta vez, unos jóvenes fueron a bañarse al caño que corría a lo largo del Bosque y entre juego y juego les cogió la noche, al verse en oscuras decidieron regresas a sus casas, pero en esas divisaron a lo lejos una luz, invadidos por la curiosidad cambiaron el rumbo y sorprendidos por la aparición se apresuraron a mirar y constatar la revelación.

Ya cerca y despavoridos por ver al fantasma de los agüiles se encontraron con la sorpresa de que la señora Juana Pérez estaba lavando y que era ella el famoso espanto que asustaba con su lámpara de cebo al pueblo.